La (mala) reputación

La semana pasada saltó a la palestra que el presidente de la Región de Murcia contactó con uno de los implicados de la trama Púnica. ¿El motivo? Contratar unos servicios que le ayudaran a “limpiar” su imagen pública de cara a las elecciones regionales.

Al entonces candidato le preocupaba la “mala prensa” que podría desatar su imputación “en un caso de fraude”. Según el periódico El Mundo, “de la lectura del contenido de los trabajos se deduce una vez más que los servicios que se contratan tienen que ver con la reputación de Pedro Antonio Sánchez y no son prestaciones que respondan a una necesidad pública sino al interés personal del consejero para validar su gestión y contrarrestar las noticias desfavorables a su persona y de ese modo poder progresar en su carrera política”.

Se trataba, en concreto, de “trabajos de reputación online” basados en un sistema que emplea “una red de diarios digitales zombies, es decir, alimentados por motores automáticos de noticias y creados para replicar notas de prensa que elaboran los gabinetes de las instituciones públicas (…)”. Esta estrategia, por llamarla de algún modo, consiste en publicar textos sin ton ni son que, gracias a las artimañas con los algoritmos de los buscadores, aparecen en primer lugar las noticias que favorecen la reputación de la persona u organización en cuestión: “la creación de enlaces entre las distintas publicaciones y la continua generación de noticias favorecían el posicionamiento web en los distintos buscadores. De este modo se conseguía dar mayor visibilidad al contenido informativo favorable al cliente y se mejoraba su posicionamiento online“.

Este tipo de prácticas desvirtúan, a mi entender, la profesión de la comunicación. Nunca, en los cuatro años del Grado en Publicidad y Relaciones Públicas, oí hablar de ellas. Si algo aprendí en la carrera fue que, en comunicación, todo debe basarse en una estrategia. Que los objetivos, además, suelen ser más rentables si se establecen a largo plazo. Jamás leí en ningún artículo que buscar resultados a través de mecanismos automáticos estuviera recomendado. Al contrario. Se nos transmitió una y otra vez lo importante que es hacer honor a la verdad y gala de la honestidad. Que la mentira tiene las patas muy cortas y que la basura que se deja bajo la alfombra no tarda en heder.

Una y otra vez, nos recordaban las palabras de Warren Buffet: “Se tarda 20 años en construir una reputación y 5 minutos para arruinarla”. El ahora presidente de la Región de Murcia se equivocó al pensar que dejar su reputación en manos de un sistema tan anti-estratégico era una buena idea.

La reputación digital no es más que una extensión de la reputación. De poco sirve esconder en las últimas páginas de Google la verdad. Al final, resulta peor el remedio que la enfermedad. Ahora es tarde para las notas de prensa. Ahora es turno de comunicar con hechos y gestos. Ningún otro sistema podrá curar una herida mal cicatrizada. En comunicación no hay tiritas que valgan, sino tratamientos intensivos.

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