Historias que nunca contaron los que cuentan las noticias

Es la tercera vez que una sala española hace de página en blanco. Una página donde nunca se escribieron las historias inéditas de un veterano grupo de periodistas. Las llevaban guardadas en su archivo personal, pero solo ahora las han compartido con las personas que asistieron al teatro.

Diaro Vivo es un encuentro con periodistas. Es en directo, pero no el directo al que los presentadores, locutores y reporteros están acostumbrados. En este no hay prisa, no hay cámaras, no hay pinganillo. Tan solo la persona, su relato y una audiencia que no sabe aún qué le van a contar. Porque otra de sus singularidades es que se conoce la «plantilla», pero no cómo se desarrollará el «partido».

Celia Blanco, Eva Herrero Gomar, Iñaki Gabilondo, José Antonio Guardiola, Mar Cabra, Werner Herzog y Tomás Ocaña conformaban esta vez la lista. Primera división del periodismo español. Los periodistas, sin embargo, se quedaron en los camerinos; a las tablas, al micrófono, frente a las butacas salieron «los tipos que hay dentro» de cada uno de esos profesionales. Así fue como conocimos a la hija de la señorita Cati; a Eva, un día actriz; a Iñaki, un marido al borde de un ataque de nervios; a José, un héroe anónimo en la guerra; a Mar, una humana desconectada; a Werner, el «alfabetizador»; y a Tomás, Woodward español.

Sus historias no se harán virales esta vez, al menos en el sentido que hasta ahora venimos dándole a viralidad. No había cámaras ni grabadoras ni nadie retransmitiendo el evento mediante una etiqueta en Twitter. Los relatos quedarán en la memoria de los afortunados que los escuchamos o no quedarán. Porque Diario Vivo es un espectáculo efímero.

Está compuesto de historias que el tiempo ha madurado, que empezaron como anécdotas para terminar convirtiéndose en relatos vitales para entender la existencia. Historias de sonrisas y lágrimas, crítica política y social y mucha, mucha emoción. Unas gustaron más que otras, pero ninguna dejó indiferente –al menos según los sondeos a pie de butacas cuando se cerró el telón–.

Se queda

El año pasado Diario Vivo era un espectáculo novedoso en España. En diciembre echó a andar en pañales, con ilusión y todas las entradas agotadas, pero también con la incertidumbre de si funcionaría entre el público y la crítica. Su segunda edición, en abril, confirmó su potencial. Tanto que se trasladó desde el Palacio de la Prensa al Teatro Cofidis Alcázar, donde la cosa se ha puesto seria. Son buenas noticias; el día que EL PAÍS confirmó que Soledad Gallego-Díaz tomaría sus riendas, supimos también que Diario Vivo se queda. El periodismo volverá al escenario en octubre y diciembre de este mismo año.

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