El talento ya no es suficiente

En la estación de Atocha ya se cruzaban miradas curiosas, cómplices, interrogativas y, a la vez, tímidas. Sabíamos el destino, pero no conocíamos a quienes iban a ser nuestros compañeros de viaje. El jueves pasado, cientos de jóvenes de entre veinte y treinta años viajamos a Gerona desde todos los puntos de España. La Fundación Princesa de Girona (FPdGi) nos invitaba a la entrega de sus premios y al encuentro anual de «Rescatadores de talento», que tuvo lugar el viernes 29.

Allí coincidimos con emprendedores, profesionales curtidos en empresas y consultoras –como BBVA, Enagás, Accenture o KPMG–, con el ministro de Ciencia, Innovación y Universidades y los reyes de España. El encuentro tenía el objetivo de poner en común las inquietudes de quienes comenzamos nuestra carrera en estos años azarosos, en los que las oportunidades no son, ni de lejos, las que nos prometieron. Y no es que nos hayamos excedido en nuestras expectativas. No, es que hemos heredado las consecuencias de una crisis que ha terminado para muchos pero que no ha hecho más que empezar para otros.

Encuentro anual de «Rescatadores de talento» 2018
© Fundación Princesa de Girona (FPdGi)

Es norma que las organizaciones nos infravaloren por nuestra falta de experiencia; sin embargo, la experiencia ya no lo es todo. Como apunta Sofía Atienza en el programa Cuando ya no esté: «Los jóvenes tenemos una cosa que cubre la falta de experiencia y es que no estamos sesgados por la forma de hacer las cosas, por los procesos que se han seguido. Yo siempre pongo el ejemplo de que, cuando tú a un niño le dices que dibuje un coche, a lo mejor te dibuja un cohete con una rueda y un timón. Entonces le dices: “no, es que un coche tiene cuatro ruedas”. Pero igual no». Sofía es estudiante de Economía y miembro de ComGo, y solo hay que observar su manera de hablar para darse cuenta de que 21 años no tienen por qué ser sinónimos de inmadurez, falta de conocimientos o capacidad para trabajar en un puesto con responsabilidad.

Es la gente normal la que cambia el mundo

El viernes fue una jornada intensa de aprendizaje y socialización, pero si tuviera que destacar solo un momento, sería el de la tarde. Después de comer, asistimos a un diálogo entre Ignacio Hernández Medrano, neurólogo y cofundador de Savana, y Luz Rello, lingüista y fundadora de Change Dyslexia. Antonella Broglia fue la moderadora –y tiene una energía que desborda. Broglia es embajadora de TEDx y Ashoka España y fue consejera delegada de la agencia Saatchi & Saatchi en España–.

«“Rescatadores de talento” es que los jóvenes tengan más visibilidad, más influencia, más peso en esta sociedad, más capacidad de cambiar las cosas, más capacidad de influir en la política, en la sociedad, en la profesión; más capacidad de crear un mundo más meritocrático».

Ignacio y Luz son, como dijo Antonella, dos españoles que cumplen con esa descripción. Son líderes en su trabajo a nivel mundial y, además, jóvenes. Ambos conversaron sobre sus experiencias a la hora de emprender proyectos que mejoran la vida de las personas. Y los dos dejaron claro que el camino no ha sido fácil y mostraron su lado más personal, aquel donde conviven las consecuencias del éxito y las imperfecciones, las inseguridades que acechan a todos los mortales. Una cara de la moneda que a menudo no se comparte: son humanos, sus logros son fruto del trabajo constante, de las ojeras, de las renuncias, de las dudas, de una entrega tan excitante como exacerbada. Con todo, es un proceso tan imperfecto como alcanzable. No es suerte, no es genio, «es la gente normal la que cambia el mundo», recordó Ignacio.

Gerona, «panna cotta» de coco y una librería centenaria

El jueves, la mía era una de esas miradas tímidas. No tenía claro qué me iba a encontrar en Gerona, no conocía a nadie, allí iba yo sola, con la mochila llena de dudas. Pero la soledad es muchas veces la mejor compañera de viaje, la que te da el espacio para callar, escuchar y observar con todos los sentidos alertas.

Tras el encuentro, tuve algo de tiempo para pasear por el centro de la ciudad. Me quedé con los suelos empedrados, las calles angostas, los rótulos antiguos de los comercios, la gran variedad de opciones veganas en las cafeterías y restaurantes, la vida vegetal de las fachadas, envueltas en plantas trepadoras y adornadas con flores multicolores. Me quedé con la «panna cotta» –vegana– de coco que me sirvieron en el restaurante Om. Y me quedo con la Librería Geli, fundada en 1879, que conserva las paredes forradas de estanterías repletas, que van desde el suelo hasta el techo. Es un lugar para teletransportarse en el tiempo. «¿Cuánto lleváis abiertos?», pregunté. «Casi 140 años y, si seguís viniendo, cumpliremos muchos más», me respondió uno de los libreros. Ya no basta el encanto para sobrevivir, ni el talento es ya suficiente para que un joven encuentre trabajo. Pero los años no pasan por la capacidad que tiene la gente normal para hacer que intentarlo siempre valga la pena.

«Todos nosotros queremos ayudar a cambiar el mundo; un reto ambicioso pero posible». María Escudero, Premio FPdGi a la Investigación Científica 2018

Librería Geli de Gerona
© Ajuntament de Girona

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