Por qué las comunicadoras también paran este Día Internacional de la Mujer

Este año, el día de la mujer va a ser diferente. Parece que no solo va a ser un día más en el calendario, un jueves ordinario en el que veamos algún cartel o nos den algún folleto que nos recuerden la fecha. Parece que este año va a tener verdadera repercusión, que los mensajes van a pasar del papel a la calle, a las voces de las personas. Todas estamos llamadas a la huelga general y, por primera vez en mucho tiempo, se nota cierta excitación ciudadana, las ganas de actuar, el vencimiento a la resignación.

Ilustración de Amalia Torres

Tengo 26 años de vida en los que apenas se ha cuestionado –al menos a mi alrededor– el estado de la mujer en la sociedad. Tengo la sensación de que las mujeres de mi generación, las milenials nacidas a principios de los noventa, hemos crecido pensando que las mujeres ya lo teníamos todo ganado. Claro, si comparamos nuestra situación con la de nuestras abuelas, no cabe duda de que salimos ganando. Y que por eso muchas de ellas nos miran incrédulas cuando admitimos que no estamos conformes. Una no se da cuenta de que existe un «velo de la igualdad que anestesia a las mujeres con lo ya obtenido en las últimas décadas» hasta que no llega a la facultad, hasta que no consigue un trabajo, hasta que no abre los ojos y se da de bruces contra la realidad.

En la universidad una vez me negaron un sobresaliente porque la redacción parecía demasiado buena para ser verdad; «no lo voy a investigar porque si lo hago voy a comprobar que lo has plagiado», me dijo un profesor que no me conocía absolutamente de nada. Mientras, el compañero de al lado se metía al docente en el bolsillo porque compartían la misma pasión por el mismo equipo de fútbol.

Otro día, ya en la oficina, asumí que algo iba mal cuando uno de los jefes se dirigía a las empleadas más jóvenes con un tono demasiado dulce, como si fuéramos niñas, y a veces incluso nos daba una caricia en la nuca o el pelo, o un pellizco en la mejilla. Estas anécdotas no hubieran llamado tanto mi atención si hubieran tenido lugar, a su vez, con los empleados. Pero no, con estos no pasaba, con estos había una actitud más bien de compadreo, de colegas, de iguales, aunque fueran unos principiantes como las demás. Hasta estos momentos creí que efectivamente no había nada por lo que quejarnos, que las mujeres gozábamos de los mismos derechos que los hombres. Hasta que a mi experiencia personal se unieron otras tantas anécdotas de amigas y amigas de amigas que evidenciaban que no todo estaba ganado, sobre todo en el terreno laboral; que aún había mucho camino que recorrer hacia la igualdad.

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Este 8 de marzo me está haciendo pensar en todas las mujeres, pero en especial en las que trabajan en el mismo sector que yo: el de la comunicación. Las periodistas se van a parar, así lo han declarado en un manifiesto que ya han firmado más de 6 400 profesionales del periodismo y la comunicación y que será leído mañana, a las 12:30, en la plaza madrileña de Callao.

Hace unos meses, en Twitter y algunos medios se criticó que no hubiera ni una mujer entre los periodistas y escritores invitados a un congreso sobre columnismo. Esta semana, la consultoría de comunicación Planner Media ha presentado ColumnistAs, un análisis de la presencia de la mujer
en el periodismo de opinión
. ¿Las conclusiones? Entre otras, que solo una de cada cinco columnas y tribunas de opinión publicadas en medios españoles está firmada por mujeres.

Gráfico de ColumnistAs, el informe de Planner Media

Diversas investigaciones demuestran la brecha de género que existe en el sector. En el último Informe de la Profesión Periodística se incluye un nuevo apartado dedicado a la mujer en el periodismo y la comunicación. Los datos apuntan a que las mujeres son el colectivo mayoritario -más de dos tercios de los que se gradúan en Periodismo- y, sin embargo, el estudio identifica tan solo a 27 mujeres en puestos directivos de medios de comunicación frente a 73 hombres. Además, hay menos mujeres que hombres con contratos indefinidos, más mujeres que hombres con contratos por obra y un 64 % del paro en el ámbito periodístico es femenino. La tendencia se revierte, curiosamente, si hablamos de comunicación corporativa, política o institucional. Aquí son mayoría las mujeres, incluso en puestos de responsabilidad.

Aún así, las profesionales en los departamentos y agencias de comunicación siguen cobrando menos que sus compañeros. «Los comunicadores ganan más que las comunicadoras en el mismo nivel jerárquico», como muestra el European Communicator Monitor 2017:

Hay puestos que requieren a personas fuertes, seguras de sí mismas, extrovertidas…, el tópico del «ejecutivo agresivo». Y en muchas organizaciones se sigue pensando que los hombres, por el simple hecho de ser hombres, tienen las cualidades natas para el buen desempeño de este tipo de cargos. En la serie de televisión Sexo en Nueva York hay una escena que lo muestra a la perfección. Samantha, ejecutiva de relaciones públicas, se reúne con su cliente, un magnate del sector hotelero que la recibe así:

  • Llegas siete minutos tarde.
  • He tardado quince minutos en atravesar tu laberíntico vestíbulo.
  • ¿Qué pasa con mi hotel de Londres? Bobby De Niro pasa el domingo en el Blakes y ni siquera lo mencionan. Ese cabrito va siempre a mis hoteles, ¡le di la puta suite del ático! A ver, ¿has preguntado ya qué es lo que ha pasado o has estado toda la mañana de compras?
  • He hablado con el redactor y he retirado dos anuncios. No volverá a ocurrir. Y además me ha ofrecido una página sobre tu propiedad de Barcelona gratis.
  • Mmm, no está mal.
  • ¿Puedo sentarme ya?
  • Haz lo que quieras. ¿Qué te pasa? ¿Cosas de mujeres?
  • Hablemos solo de negocios, ¿te parece?

«¿Has estado toda la mañana de compras? ¿Qué te pasa, cosas de mujeres?». Hay quien presupone, también en la vida real, que las mujeres somos superficiales y tan emocionales que no tenemos la capacidad de hacer cosas serias, de esas que hacen los hombres. Es marzo de 2018 y todavía hay gente que piensa así.

Pero, hablando de Sexo en Nueva York, refirámonos también al papel que cumple la figura femenina en los medios de comunicación. Demasiado a menudo es un papel secundario, a veces decorativo, que ensalza sus características físicas y no tanto las intelectuales. El documental Miss Representation, disponible en Netflix, hace un buen recorrido por la imagen cosificada de la mujer que muestran los medios estadounidenses. No solo explica cómo se construye el estereotipo femenino a través de personajes en películas y series de televisión, sino que analiza cómo, por ejemplo, se degradó a Hillary Clinton y Sarah Palin durante la campaña electoral de 2008. La prensa las trató de forma diferente, discriminatoria y con mucha más dureza que a los candidatos varones.

Cartel oficial del documental (2011)

La archiconocida presentadora de televisión estadounidense Katie Couric interviene en el documental junto a otras muchas caras conocidas del periodismo y la industria cultural. La mayoría, por supuesto, son también «caras bonitas». La propia Couric, aunque reconoce en el filme haber sido parte del espectáculo, opina que se ofrece una imagen equivocada de las comunicadoras: «A veces veo los canales de informativos por cable y veo a mujeres con faldas muy cortas, con mucho maquillaje y con el pelo medio despeinado; parece que trabajan sirviendo cócteles en lugar de presentando los informativos. Es un mensaje confuso».

Las que trabajamos en comunicación sabemos de mensajes, sabemos del poder que tenemos en nuestras manos para cambiar ideas, actitudes y comportamientos. Mañana va a ser un día diferente, quizás el reinicio de una lucha que no debió pausarse nunca. Vamos a parar, a ser solo espectadoras por un día para, desde la calle, reemprender el camino hacia la igualdad real, sin micromachismos ni letra pequeña. Nuestra situación es mejor que la de nuestras abuelas, pero la de nuestras nietas puede ser más justa todavía.

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La imagen destacada es una ilustración de Betsy Bauer para el doodler con el que Google conmemoró el Día Internacional de la Mujer en 2013.

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